Me gustaba tanto pasar las horas despierto,
imaginando, pensando en el misterioso camino de los segundos,
sin ningún pasado, sin nada que olvidar.
Gastaba los segundos descubriendo el silencio,
sabiendo que todos dormían,
disfrutando de la fragilidad de aquel instante.
Escuchaba los maullidos de aquel gato vagabundo
que acompañaba mis noches.
Estoy seguro de que miraba la luna solitaria desde algún tejado,
como yo.
Al menos así imaginaba que fuese
desde aquella ingenuidad infantil.
Todo era tan fácil...
La vida no era más que ver volar las palomas
y perseguir la sombra de las nubes
que yacían en algún cielo lejano,
mientras, el mundo giraba
temeroso de verse descubierto.
Imaginaba tantas cosas...
Los años han pasado
respondiendo demasiadas preguntas.
Hoy, quizás siga siendo igual,
siga siendo como en aquella noche de 1986,
aunque a veces, sienta pesados lastres en las alas
y demasiadas certezas que me impiden volar.